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En el ámbito educativo se asocia de manera directa la cátedra con asignaturas, cursos o espacios académicos establecidos en un plan de estudios; sin embargo, las raíces históricas hacen referencia a la cátedra como el sillón ubicado en una tarima o altar, empleado por los maestros para impartir enseñanza y por los clérigos para oficiar la liturgia.
En ambas circunstancias, la elevación física producida por el enser ponía de manifiesto la autoridad otorgada a quien revestía la dignidad magisterial o la solemnidad sacerdotal.
Sin desconocer lo anterior, el poeta andaluz Antonio Machado, a través de su heterónimo Juan de Mairena, nos recuerda la importancia de tener la valía de reconocer nuestra propia condición, su aforismo así lo declara: "Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis contacto con el suelo; porque solo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura" (Juan de Mairena. Antonio Machado. Alianza Editorial. España. 2009: 80).
La altura que socialmente ostentamos gracias al rol docente demanda por igual asumir con humildad el ejercicio catedrático, en esto radica gran parte de nuestra dignidad magisterial.
Antonio José Vélez Melo
Secretario de Educación Municipal de Armenia.